La Cara B de mi Adolescencia

un diario de canciones que nadie pidió

Expediente Nro. #80-0068

It's Called a Heart: la canción que Depeche Mode nunca quiso publicar y que sonó en el cuarto equivocado

Relato Semibiográfico

Mi madre me mandó aquella tarde con una excusa de las suyas. «Que tu tío Ramón dice que tiene unas cosas de tu abuelo guardadas y que alguien tiene que ir a recogerlas antes de que se mude». Mi tío Ramón vivía en Carabanchel, cuarto piso sin ascensor, en un bloque gris con el portal que olía a humedad y a col hervida. Tendría que haber ido ella, pero tenía una reunión de vecinos que no podía perderse. Tendría que haber ido mi padre, pero mi padre nunca iba a casa de tío Ramón si podía evitarlo, por razones que nadie me explicó nunca del todo. Así que fui yo, que tenía quince años y un sábado por la tarde libre y ningún argumento sólido para negarme.

Llamé al timbre. Tío Ramón tardó en abrir. Cuando lo hizo llevaba puesta la misma ropa con la que debía haber dormido y una expresión de quien acaba de recordar que había quedado con alguien. Me hizo pasar al salón, me dijo que las cosas de mi abuelo estaban en una caja en el cuarto de atrás y que tardaría un momento en encontrarla. Desapareció por un pasillo que olía a tabaco frío. Yo me quedé de pie en medio del salón, sin saber muy bien dónde poner las manos.

En la estantería había un tocadiscos. Y encima del tocadiscos, un single con la carátula hacia arriba. Depeche Mode. «It's Called a Heart». Mute Records, 1985. Lo cogí. No sé por qué. A veces coges las cosas sin un motivo claro, solo porque están ahí y tu mano se mueve sola. Lo puse en el tocadiscos. Bajé la aguja. Y esperé.

Depeche Mode. «It's Called a Heart». 1985.

Lo que sonó no era lo que esperaba. No era la oscuridad de «Blasphemous Rumours» ni la frialdad calculada de «Everything Counts». Era algo más extraño. Una canción que quería ser pop pero que tenía dentro algo que no terminaba de encajar. Un sintetizador que avanzaba con demasiada precisión, una voz de Dave Gahan que sonaba limpia pero que dejaba un poso raro, como el azúcar en el fondo de un vaso de agua fría. La letra hablaba del corazón como si fuera un objeto que se puede prestar. «I'll lend it to you if you treat it tenderly». El corazón como algo que se presta. Con condiciones. Eso no es una canción de amor. Es un contrato.

Tenía quince años y no sabía nada de contratos. Pero algo en aquella canción me rozó de una manera que no supe nombrar en ese momento. La escuché entera en aquel salón extraño, de pie, sin sentarme, porque sentarme habría significado quedarme más tiempo del que quería quedarme. Tío Ramón no volvió a aparecer en todo el rato. La aguja llegó al final del surco y el tocadiscos siguió girando en silencio, ese silencio de los vinilos cuando la canción ya ha terminado pero el plato todavía da vueltas. Dejé el single donde estaba. Fui al pasillo, llamé a tío Ramón, le dije que me esperaba abajo. Bajé los cuatro pisos a pie con una caja de cosas de mi abuelo que no pesaban casi nada y con la canción todavía moviéndose por algún sitio dentro.

Lo que no sabía entonces era la historia que había detrás de aquella canción. Martin Gore la consideraba probablemente su single menos favorito de todo lo que había publicado. La habían grabado en junio de 1985 en los Genetic Studios de Streatley, en Berkshire, casi a la fuerza: la discográfica necesitaba un nuevo single para acompañar la recopilación The Singles 81→85, y el grupo no tenía nada preparado. Gore escribió la canción bajo presión. Alan Wilder se negó desde el principio. Argumentaba que la cara B, «Fly on the Windscreen», era infinitamente superior y debería haber sido la cara A. El promotor Neil Ferris lo vetó porque la canción empezaba con la palabra «death». Así que publicaron la que nadie quería publicar. Llegó al número 18 en el Reino Unido. Fue número 2 en Dinamarca. El mundo siguió girando.

Gore explicó alguna vez que el corazón le parecía algo místico, «el centro del que se suponía que emanaban el bien y el mal». No una metáfora romántica. Algo más antiguo y más oscuro. Un órgano que late sin pedirte permiso, que se para sin avisarte, que guarda cosas que tú no recuerdas haber metido. It's called a heart. Se llama corazón. Como si hubiera que nombrarlo para que exista. Como si sin el nombre fuera otra cosa.

Mi madre me preguntó si tío Ramón estaba bien. Le dije que sí. No le dije lo del single. Ni lo del tocadiscos. Ni lo del silencio de aquel salón con el plato girando y nadie dentro. Hay cosas que se quedan en el cuarto donde las encontraste, y ya está.

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