Enola Gay: la canción del despertador del abuelo
Relato Semibiográfico
Mi primer despertador me lo regaló mi abuelo.
Era de esos antiguos, con dos campanas arriba y una palanca metálica para apagarlo. Sonaba como si alguien golpeara una lata dentro de tu habitación. No había forma de ignorarlo. Te arrancaba del sueño sin pedir permiso.
Lo peor es que, al despertar, tardabas unos segundos en entender dónde estabas. Y en ese pequeño caos, encontrar la palanca era casi una pelea.
Pero había un truco.
En la parte de atrás tenía un botón. Si lo apretabas, en lugar del estruendo salía la radio. Mucho más suave. Como si el mundo bajara el volumen de golpe.
Así que empecé a despertarme con la radio.
Y una mañana, sin buscarlo, sonó esto.
«Enola Gay».
Orchestral Manoeuvres in the Dark.
1980.
Entraba el sintetizador de golpe. Seco. Sin aviso. Y después aquella voz casi sin emoción, como si no estuviera cantando sino registrando un hecho.
Yo no sabía nada de aviones ni de bombas ni de lo que significaban aquellas palabras. Solo sabía que esa canción me despertaba de otra manera.
No era el golpe de las campanas.
Era algo más raro.
Como si alguien te llamara desde lejos sin gritar.
Como si el día empezara antes de que tú estuvieras listo.
La escuché muchas mañanas seguidas.
El despertador acabó en un cajón, en casa de mis padres. El tiempo hizo lo suyo, como hace siempre.
Pero la canción se quedó.
Con los años entendí lo que contaba. Lo que había detrás de ese título, de aquella fecha, de aquella precisión fría. Y aun así, cada vez que vuelve a sonar, lo primero que aparece no es la historia… sino otra cosa.
El cuarto en penumbra.
El botón de atrás.
La radio encendiéndose en lugar del ruido.
Y esa sensación de que despertarse no siempre es un golpe. A veces es un cambio de temperatura.
Mi abuelo no dijo nada de eso cuando me dio el despertador. Probablemente solo pensó en ayudarme a levantarme por las mañanas.
Y OMD tampoco pensó en eso.
Pero hay canciones que hacen eso sin pedir permiso. Se cuelan en la rutina y la cambian un poco sin que te des cuenta.
Ocho y quince.
La radio encendida.
Y el día empezando antes de que tú estés del todo despierto.
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