La Cara B de mi Adolescencia

un diario de canciones que nadie pidió

Expediente Nro. #80-0041

In a Big Country: la canción del consejo de mi hermana para ligar

Relato Semibiográfico

Mi hermana María tenía nueve años y una habilidad especial para entrar en mi habitación sin llamar. Siempre. Aquella noche de 1983 no fue diferente. Me estaba preparando para una fiesta. Quizá la primera fiesta de verdad, de esas a las que vas con la intención de hablarle a alguna chica sin que se te note el pánico.

Camiseta blanca recién planchada. Vaqueros. Y un chorro de colonia de mi padre que, en retrospectiva, era claramente demasiado. El espejo del armario me devolvía una imagen que yo interpretaba como «joven atractivo y seguro» y que probablemente era «crío de trece años con el pelo aplastado de tanto peinarlo».

En el radiocasete sonaba «In a Big Country». La había grabado de la radio la semana anterior, con el volumen justo para que no se oyeran las interferencias. Los escoceses de Big Country hacían un rock raro — guitarras que sonaban a gaitas, un cantante, Stuart Adamson, que parecía estar dando un discurso sobre la esperanza y la redención. A mí me parecía la banda sonora perfecta para llegar a una fiesta y comerte el mundo.

María entró sin avisar. Pijama de Hello Kitty. Un calcetín desparejado.
—¿Otra vez con los escoceses esos? —dijo, apoyándose en el marco de la puerta.
—No son «esos escoceses». Se llaman Big Country. Tienen clase.
—Clase… Anda que si pones esto en la fiesta, la gente va a pensar que te has vuelto loco.

Intenté explicarle. La letra, el mensaje, encontrar tu sitio en el mundo, no rendirse. Ella me escuchó con esa paciencia infinita que solo tienen los niños cuando saben que vas a decir una tontería.

—O sea —resumió—, que quieres ligar con una canción que habla de «un gran país». Las chicas no quieren países, quieren que les dediques algo bonito.
—¿Y tú qué sabes?
—Más que tú, que estás aquí preguntándole a tu hermana de nueve años.

Tenía un punto. Pero no iba a dárselo.

—Es épica —insistí—. Transmite fuerza. Libertad.
—Pues yo creo que es un rollo. ¿Por qué no pones a los Duran Duran? La gente baila con los Duran Duran. Tú lo que quieres es que te miren, no que te escuchen.

Me quedé callado. Porque, en el fondo, tenía razón. Tenía nueve años y ya había entendido algo que a mí me costaba aceptar: la épica no se lleva en las fiestas de instituto.

—Además —añadió, antes de irse—, esa canción suena a campo de fútbol vacío. No sé por qué te gusta tanto.
—Porque habla de…
—Sí, sí. Lo que tú digas. Pero luego no te quejes si te quedas solo en la pista.

La puerta se cerró. El estribillo volvió a llenar la habitación. «In a big country… dreams stay with you…» Me miré al espejo otra vez. Ya no estaba tan seguro de nada.

Al final fui a la fiesta. Puse la canción, sí. Nadie bailó. Pero una chica de ojos verdes se me acercó al acabar y me preguntó qué grupo era. Se lo dije. Me sonrió. No pasó nada más — pero durante unos segundos, el mundo pareció un poco más grande, un poco más mío. Como decía la canción.

Maríase quedó dormida en el sofá aquella noche con un calcetín desparejado. Yo tardé horas en conciliar el sueño. A ratos enfadado conmigo mismo. A ratos agradecido. Porque a veces, quien mejor te aconseja no es el más sabio, sino el que te conoce desde que naciste.

Notas del Público

No hay notas aún. Haz clic en "Ver notas" para ser el primero.

Expedientes Relacionados