La Cara B de mi Adolescencia

un diario de canciones que nadie pidió

Expediente Nro. #80-0037

La Estrella: la canción que buscaba su momento

Los Auténticos 1981

Relato Semibiográfico

Existía una tienda de discos en Castellón que olía a cartón húmedo y a promesas de cartel. No era grande, pero tenía una sección dedicada a grupos locales que me fascinaba. Casi todo eran maquetas, cassettes con producciones modestas, portadas hechas con cartulina y fotocopias granuladas que intentaban parecer profesionales.

Una tarde me llamó la atención un single. Quizá fue el color de la portada, un magenta ya algo desvaído. Quizá el título de la canción principal: "La Estrella". La banda se llamaba Los Auténticos.

El dependiente —un chaval con gafas de pasta, estilo Buddy Holly, que parecía saberlo todo sobre música— lo puso en el tocadiscos de la tienda.

Los Auténticos.
"La Estrella".
1981.

Lo que sonó parecía venir de otro lugar. No de un garaje ni de un ensayo improvisado, sino de una banda que tenía muy claro lo que quería hacer. Una guitarra abría paso a una melodía limpia y luminosa, con ecos de los años sesenta. Las voces encajaban con una precisión poco habitual. Y, sobre todo, había algo que se quedaba contigo desde la primera escucha.

No era ruido.

Era pop.

Pop con mayúsculas. De ese que parece sencillo hasta que intentas hacerlo. De ese que revela horas de escucha, atención al detalle y una auténtica obsesión por la melodía.

Todo sonaba claro, natural, bien construido. Como si realmente tuvieran una estrella guiándoles. Y, en cierto modo, la tenían.

Con el tiempo descubrí que la historia de Los Auténticos era la de una promesa que estuvo muy cerca de cumplirse. Llegaron a tocar en salas importantes, compartieron escenario y contexto con otras bandas de su generación y, según algunas referencias que he leído sobre el grupo, despertaron el interés del sello estadounidense BOMP!. Llegaron a grabar material destinado a un proyecto relacionado con la compañía californiana, una oportunidad que parecía abrirles una puerta hacia Estados Unidos.

Estuvieron cerca.

Muy cerca.

Pero no llegaron a cruzar la última puerta.

Su primer single apareció en un momento complicado y apenas contó con promoción. Los proyectos posteriores fueron quedándose por el camino. Miguel Ángel Villanueva, cantante del grupo, llegó a autoeditar algunas canciones en una tirada muy limitada antes de que la banda terminara disolviéndose y desapareciendo poco a poco del foco.

Entonces escuchas la letra y cuesta no pensar en ellos.

"Todo ha cambiado, nada es lo mismo, hemos perdido la razón."

Y después:

"Mira el cielo, cuántas estrellas, piérdete en la inmensidad."

Puede que fuera solo una metáfora. Pero hoy resulta difícil no verla también como un reflejo involuntario de su propia historia.

Cada vez que vuelvo a escuchar la canción pienso en aquella tienda de discos que ya no existe. Pienso en la ilusión con la que aquellos chicos cantaban sobre el futuro, sobre los deseos y sobre las oportunidades que parecían estar a punto de llegar.

Y pienso también en algo curioso: aunque el éxito nunca terminara de aparecer, la canción sigue aquí.

La estrella, de alguna manera, no llegó a apagarse del todo.

"Quiero ver pasar la estrella que ha de marcar mi rumbo. Formularé un deseo más..."

Hay canciones que triunfan en su momento y después desaparecen.

Y hay otras que pasan décadas esperando a que alguien vuelva a encontrarlas.

Quizá "La Estrella" siempre fue una de esas.

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