La Cara B de mi Adolescencia

un diario de canciones que nadie pidió

Expediente Nro. #80-0021

Autosuficiencia: la canción del cuarto de baño

Parálisis Permanente 1982

Relato Semibiográfico

Había un momento muy concreto en el que el ruido de casa se volvía insoportable.

No era ruido malo, necesariamente. Era el ruido de siempre.
Mi padre viendo el telediario. Mi madre fregando los platos.
El volumen del televisor demasiado alto porque mi padre empezaba a quedarse sordo pero todavía no lo sabía.
Las conversaciones de fondo que no iban con nadie. O que iban contigo sin preguntarte.

Y entonces hacías algo.

Te levantabas, ibas al cuarto de baño, echabas el pestillo.

No porque tuvieras que hacer nada. Solo por el sonido.
Porque durante un rato, entre tú y el resto del piso, había una puerta cerrada.

Me sentaba en el borde de la bañera. Había una humedad ahí que no existía en ninguna otra parte de la casa.
Olor a lejía suave, a jabón de pastilla. El grifo del lavabo goteaba un poco. Siempre había goteado.

Toc.
Toc.
Toc.

Me quedaba escuchándolo como si marcara el tiempo de otra vida más pequeña y más simple.

Un día llevé el walkman.

Tenía una cinta que me había pasado un compañero del colegio. No me dijo qué había grabado. Solo:

«Escúchala solo.»

No entendí lo que quería decir hasta que empezó la canción.

Parálisis Permanente.
«Autosuficiencia».
Madrid, 1982.

La letra decía algo que yo no sabía que se podía decir en voz alta.

«Encerrado en mi casa todo me da igual, ya no necesito a nadie, no saldré jamás.»

Sonaba seco. Cortante.
Como si no quisiera convencer a nadie de nada.

Y aun así, o precisamente por eso, sonaba exactamente como se sentían los domingos por la tarde.

La voz de Eduardo Benavente no parecía pedir comprensión. Parecía venir de alguien que ya había tomado distancia de todo lo demás. Alguien sentado solo en algún sitio pequeño, escuchando un grifo gotear.

Con doce años, aquello me pareció una forma de libertad.

Mucho después supe que Benavente tenía veinte años cuando murió, en mayo de 1983, en un accidente de tráfico. Supe también que el primer EP de Parálisis Permanente lo habían editado ellos mismos, antes de que nadie supiera muy bien qué hacer con un grupo así.

La cinta pasó luego por otras manos.
Años después nos dimos cuenta de que casi todos la habíamos escuchado igual: solos, encerrados en un cuarto de baño cualquiera del barrio.

El grifo de casa de mis padres dejó de gotear un verano. Llamaron a un fontanero.
Cambió una pieza.
Se acabó el ruido.

Y durante un tiempo, cada vez que entraba allí, tuve la sensación extraña de que faltaba alguien.

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