Do They Know It's Christmas?: la canción del domingo que el pop británico decidió que había algo más urgente que hacer
Relato Semibiográfico
La encontré en la biblioteca pública del barrio, en una de esas baldas donde dejaban las revistas viejas para que la gente las ojeara y las devolviera. Smash Hits, 6 al 19 de diciembre de 1984. Alguien la había leído antes y había doblado una esquina para marcar la página, como si quisiera volver y no hubiera vuelto. Yo tenía catorce años y había entrado a buscar un libro de texto que no encontraba en ninguna librería. Salí sin el libro y con la revista metida en la cabeza, porque me había sentado a leerla en una de las sillas de plástico naranja que había junto a la ventana y no había podido levantarme hasta el final. En las páginas centrales había un reportaje de un tal Peter Martin. El título ocupaba media página: «El single para Etiopía: "Pensamos que debe haber algo más que podemos hacer"».
Unas semanas antes, el 23 de octubre de 1984, el corresponsal de la BBC Michael Buerk había emitido un reportaje desde el norte de Etiopía que describía lo que veía como «una hambruna bíblica en el siglo XX» y «lo más parecido al infierno en la Tierra». Detrás de la cámara estaba el cameraman keniano Mohamed Amin. Las imágenes eran de niños con los ojos demasiado grandes para sus caras, adultos que esperaban en silencio en los campos de alimentación de Korem, en la región de Tigray. Casi ocho millones de personas estaban en riesgo. Más de un millón morirían. El reportaje lo vio aquella noche, entre otros, Bob Geldof, cantante de los Boomtown Rats. Y no pudo dormir.
Band Aid. «Do They Know It's Christmas?». 1984.
Lo que hizo Geldof a continuación fue tan sencillo como improbable: coger el teléfono. No llamó a managers ni a sellos discográficos. Llamó directamente a los artistas. A Midge Ure, de Ultravox, que dijo que sí y se puso a escribir la música esa misma noche. A Sting, a Gary Kemp, a Simon le Bon. Todos dijeron que sí. En menos de un mes habían convocado a 38 artistas para grabar juntos en un solo día. Trevor Horn, productor y dueño de los estudios Sarm West de Notting Hill —el mismo sitio donde Frankie Goes to Hollywood había grabado «Relax»—, cedió las instalaciones de forma gratuita durante 24 horas. El domingo 25 de noviembre de 1984, a las 9.15 de la mañana, empezaron a llegar los coches.
El artículo de Smash Hits lo contaba todo con esa mezcla de asombro y humor británico que tenía la revista. Sting llegó en su Range Rover negro, con aspecto de hombre de familia. Paul Weller vino andando. Duran Duran llegaron en dos limusinas con cuatro guardaespaldas. Boy George apareció el último, directamente desde Nueva York en el Concorde, porque Geldof le había localizado dormido en un hotel y le había despertado a gritos. El estudio era un caos organizado: siete equipos de cámara, fotógrafos por todas partes, artistas que no se habían visto en la vida compartiendo el mismo pasillo. Y sin embargo, según contaba el periodista Peter Martin, no hubo egos. No hubo dramas. Solo gente que sabía que había algo más urgente que hacer que proteger su imagen.
Midge Ure había preparado ya la pista de acompañamiento y las guías de voz. Nadie había escuchado la canción antes de llegar. Los artistas aprendieron sus partes allí mismo, en el estudio, leyendo las letras en hojas de papel que les iban pasando. Primero grabaron todos juntos el estribillo —«Feed the world, let them know it's Christmas time»— en un gran semicírculo, para tener algo grabado desde el principio. Luego cada uno se metió a grabar su parte en solitario. Phil Collins se sentó detrás de la batería. Bono dudó antes de cantar su verso —«Tonight, thank God, it's them instead of you»— porque le parecía demasiado duro decirlo así, tan directamente. Lo cantó de todas formas. George Michael necesitó seis tomas. Paul Young abrió la canción con la primera línea.
Yo leía todo aquello en mi cuarto y pensaba en las imágenes que había visto en el telediario de mi casa semanas antes. Mi madre había apagado la tele a mitad del reportaje. Yo lo entendí: hay cosas que se apagan porque si no, no puedes terminar de cenar. Y sin embargo seguían ahí, aunque apagases la tele. Seguían ahí cuando te lavabas los dientes, cuando te metías en la cama, cuando escuchabas la radio. Eso es lo que Geldof había entendido antes que nadie: que mirar hacia otro lado no hacía que desapareciera.
La canción se grabó, se mezcló y se masterizó en una sola noche. El single salió a la venta el 3 de diciembre de 1984, con una portada diseñada por Peter Blake —el mismo que había diseñado la portada del Sgt. Pepper de los Beatles—. En la primera semana vendió un millón de copias, convirtiéndose en el single de venta más rápida en la historia del Reino Unido hasta ese momento. Entró directamente al número 1, donde se quedó cinco semanas. La cara B, «Feed the World», incluía mensajes hablados de David Bowie y Paul McCartney, que no habían podido asistir a la grabación. De cada libra con treinta y cinco peniques que costaba el single, una libra íntegra llegaba a Etiopía. La recaudación total superaría los ocho millones de libras.
Al final del reportaje de Smash Hits había una frase de Midge Ure, ya de madrugada, mirando a cámara con cara de agotamiento: «Todos lo hicieron de forma increíble. Con todos esos posibles primeros espadas allí fuera, no hubo problemas de ego. Fue un cambio agradable». Y luego, la del periodista, que cerraba el artículo diciendo algo que me quedé pensando mucho tiempo: que aquel domingo había demostrado que la música pop podía ser todavía una fuerza.
No sé si lo sigue siendo. Pero aquel diciembre de 1984, con catorce años y la revista doblada sobre las rodillas, lo creí sin ninguna duda.
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