La Cara B de mi Adolescencia

un diario de canciones que nadie pidió

Memorias en Estereo / Artistas / The Sound

The Sound

Adrian Borland nació en 1957 y creció en Wimbledon, al sur de Londres. De joven, lo suyo era el punk. Fundó The Outsiders y en 1977 sacaron Calling On Youth, el primer LP autopublicado del punk británico. Un hito. Pero a él eso del hito no le importaba demasiado. En 1979, con The Outsiders ya disueltos, lo dejó todo atrás y con tres músicos — Graham Bailey al bajo, Mike Dudley a la batería y Bi Marshall a los teclados — creó The Sound. Un nombre simple. Demasiado simple para lo que vendría después. Grabaron el EP Physical World, que apenas se oyó. Pero llegó a manos de John Peel, el DJ de la BBC que tenía el don de encontrar rarezas. A Peel le gustó. Lo puso en la radio. Y Korova Records — los mismos de Echo & The Bunnymen — los fichó.

En 1980 entraron al estudio con un presupuesto que daba risa — ochocientas libras — y salieron con Jeopardy. El sonido es seco, frontal. La batería suena a cartón. La guitarra no hace solos, solo araña. Y la voz de Borland, que parece que le duele todo. La crítica se volcó. El público, no. En 1981 llegó From the Lions Mouth, para muchos su obra maestra, producida por Hugh Jones. El sonido se pulió, pero no se ablandó. Winning suena a gloria contenida. Y The Fire, con ese teclado hipnótico, parece escrita para ser escuchada en un pasillo vacío, de noche, con los cascos puestos y nadie alrededor. Otro éxito de crítica. Las ventas, otra vez, no acompañaron. La discográfica quería un éxito comercial, algo para la radio. Y ellos, en un acto de terquedad que rayaba la insensatez, grabaron All Fall Down — su disco más oscuro, más difícil, menos amable. Un portazo en toda regla. Korova no lo entendió. Los dejó ir.

Los siguientes discos, Heads and Hearts (1985) y Thunder Up (1987), tienen menos garra, más tristeza. Se nota que Adrian estaba cansado. En 1988 la banda se separó. Él continuó en solitario, cambió de nombre, usó seudónimos, grabó discos de folk. Pero los fantasmas de los que tanto cantaba nunca se fueron. Adrian Borland sufría un trastorno esquizoafectivo. El 26 de abril de 1999 se arrojó a las vías del tren en Wimbledon. Tenía cuarenta y un años. La historia de The Sound es la historia de un hombre que no supo — o no quiso — encajar. Una banda que tuvo todo para ser grande pero nunca quiso serlo de la manera que otros esperaban. Hoy sus discos se reeditan, los músicos de ahora los citan como influencia, y cada vez que alguien descubre Jeopardy o From the Lions Mouth por primera vez entiende algo que Adrian Borland ya sabía: que la música, a veces, no sirve para salvar a nadie. Pero ayuda a sobrellevar la espera.

1 expediente Presente en: Post-punk