Dexys Midnight Runners
Birmingham, 1978. Kevin Rowland tenía veinticuatro años, había sido peluquero, había pasado por un grupo punk llamado The Killjoys que no había llegado a ningún lado, y estaba convencido de que el punk ya no le decía nada. Quería otra cosa: la energía cruda del soul de los sesenta, los metales, la disciplina casi militar de las bandas de Motown. Junto al guitarrista Kevin «Al» Archer reclutó a un grupo de músicos a los que exigió dejar sus trabajos y ensayar todo el día, todos los días. Les puso un nombre que venía de la Dexedrina, la anfetamina que los aficionados al Northern Soul tomaban para aguantar bailando toda la noche. Dexys Midnight Runners. No era una banda. Era casi una secta con horario de oficina.
El primer single, «Dance Stance» (1979), apenas llegó al número 40 en el Reino Unido. El segundo lo cambió todo. «Geno» (1980), un homenaje al cantante de soul Geno Washington, con un coro sampleado de un disco en directo de Van Morrison, llegó al número uno británico y se quedó allí dos semanas. El álbum debut, Searching for the Young Soul Rebels (1980), llegó al número 6 y se convirtió en una de las grabaciones más alabadas del año, mezclando la agresividad del punk con la intensidad del soul. Pero el éxito no apaciguó a Rowland. Las tensiones con la discográfica EMI y con sus propios músicos —a los que acusaba de querer echarle del grupo que él mismo había fundado— acabaron con la primera formación completa abandonando el barco.
Rowland reconstruyó la banda casi desde cero, y en 1982 dio el giro más inesperado de su carrera: incorporó una sección de violines —encabezada por Helen O'Hara— a una banda que hasta entonces se definía por sus metales. La sección de viento original, sintiéndose desplazada, se marchó para formar su propio grupo. El resultado de aquella apuesta fue Too-Rye-Ay (1982), un disco que mezclaba soul con folk celta y que contenía «Come On Eileen», una canción con violines, banjo y un cambio de tempo a mitad de tema que nadie esperaba que funcionara. Funcionó. Llegó al número uno en el Reino Unido y en Estados Unidos, se convirtió en el single más vendido del año en Gran Bretaña y ganó el Brit Award al Mejor Single Británico de 1983. Por un momento, Dexys Midnight Runners fueron la banda más grande del mundo.
Rowland nunca pareció cómodo con eso. «El éxito no me hizo feliz», confesó años después. «Me sentí vacío y sin sentido». El tercer disco, Don't Stand Me Down (1985), fue un giro radical hacia algo más conversacional y menos comercial, y Rowland se negó durante meses a publicar ningún single, lo que hundió sus posibilidades en las listas pese a las buenas críticas. La banda se disolvió en 1986. Rowland inició una carrera en solitario errática, marcada por problemas personales y económicos, antes de reagrupar Dexys en 2003 para una gira de reencuentro.
Lo que vino después fue una larga historia de idas y vueltas: el álbum One Day I'm Going to Soar (2012), el primero en veintisiete años, bien recibido por la crítica; Let the Record Show: Dexys Do Irish and Country Soul (2016); y The Feminine Divine (2023), publicado ya bajo el nombre abreviado Dexys. Rowland sigue siendo el único miembro que ha estado en todas las versiones del grupo. Dexys Midnight Runners nunca fue una banda fácil de seguir ni de entender del todo. Cambiaban de imagen, de sonido y de formación con una frecuencia que habría hundido a cualquier otro proyecto. Pero dejaron dos canciones que el tiempo no ha tocado: una sobre un cantante de soul que casi nadie recordaba ya en 1980, y otra sobre una chica llamada Eileen que convirtió un violín en el instrumento más inesperado del pop de los ochenta.
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