Aerolíneas Federales
Vigo, diciembre de 1981. En el pub El Satchmo — un local mítico que había abandonado el jazz para abrazar el nuevo pulso eléctrico de los ochenta — tres jóvenes empezaron a hacer ruido juntos casi por accidente. Miguel Costas (voz y guitarra), que ya era miembro fundador de Siniestro Total y necesitaba una válvula de escape para sus inquietudes más personales; Silvino Díaz (bajo), con una mirada más seria al pop y el punk; y Juan Dotras, «Flechi», que manejaba una caja de ritmos con tanta energía que compensaba de sobra la ausencia de un batería de carne y hueso. No tenían un plan maestro, solo la certeza de que la diversión debía estar por encima de cualquier dogma. El nombre se lo pusieron casi sin pensarlo — venía de una de sus primeras canciones, una que hablaba de volar y de gritar y que, curiosamente, nunca llegaron a grabar. Así nacieron Aerolíneas Federales.
En 1983 entraron al grupo Luis Santamarina a la batería y, algo después, Rosa Costas y Coral Alonso a las voces, formando la alineación más conocida y estable. Ese mismo año ganaron el II Concurso de Rock de Radio 3 en La Coruña, el espaldarazo que les abrió las puertas del circuito nacional. Flechi, que había pasado a ser el frontman del grupo, acabó marchándose para fundar Las Termitas, y más tarde se instaló en Londres, donde falleció de un infarto en 2002 — una de las grandes pérdidas de la Movida Viguesa. El fichaje por DRO (Discos Radiactivos Organizados) llegó poco después y con él, en el invierno de 1985-1986, grabaron en los estudios Doubletronics su debut homónimo, producido por Enrique Martínez. Vendió 25.000 copias. «No sé ligar», «Soy una punk» y «No me beses en los labios» se convirtieron en himnos de una generación que no se tomaba a sí misma demasiado en serio. Algo bastante difícil de conseguir, y bastante necesario.
Lo que vino después fue una carrera discográfica irregular pero honesta. «Hop Hop» (1987) exploró sonidos más elaborados; «Tomando tierra» (1988) mantuvo el pulso; «Échame sifón» (1989) viró hacia un estilo más ácido con los Ramones como referencia; y «Una o ninguna» (1991) cerró su etapa en DRO con una madurez que no todo el mundo esperaba. La banda se disolvió a mediados de los noventa, pero el recuerdo de sus canciones nunca desapareció del todo. En 2011 volvieron a los escenarios — empujados por un fan peruano que no aceptó un no por respuesta — y en 2012 publicaron con Elefant Records el recopilatorio de demos «Hasta El Final Y Más Allá... 1983-1993», que inauguró la colección «Recuerdos que olvidé» del sello. Siguieron con «@AAFF#715» (2015) y el directo «No Todo Es Lo Que Parece» (2016), antes de regresar en 2019 con «Vacaciones en el Prat».
Aerolíneas Federales nunca pretendieron ser grandes. No les hizo falta. Con sus guitarras directas, sus coros imposibles y unas letras que hablaban de la torpeza cotidiana sin ningún complejo, consiguieron algo mucho más difícil: que la gente se reconociera en ellas. Demostraron que la música también podía ser ligera, alegre y llena de humor sin dejar de ser completamente auténtica. Ellos fueron los que nos enseñaron que no saber ligar no es un fracaso, sino una forma de ser uno mismo. Y eso, al final, es un éxito mucho más grande.
Expedientes
No hay expedientes para este artista todavía.