La Cara B de mi Adolescencia

un diario de canciones que nadie pidió

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The Comsat Angels

Sheffield, finales de los 70. Una ciudad de acero y chimeneas, con el ruido de las fábricas metido en cada esquina. De ahí salieron los Comsat Angels: Stephen Fellows a la guitarra y la voz, Kevin Bacon al bajo, Andy Peake a los teclados y Mik Glaisher a la batería. Cuatro chicos con las ideas claras y los bolsillos vacíos, que se llamaban a sí mismos Radio Earth hasta que encontraron un nombre mejor en un relato corto de J. G. Ballard. Sonaba a algo lejano y frío. Justo lo que buscaban.

En 1979 se autopublicaron su primer single, «Red Planet», en su propio sello casero, Junta Records, y para despistar firmaron con pseudónimos absurdos: Stephen Even, Dresden, Michael Spencer-Farquahar y The Jazz Orange. No despistaron a todo el mundo: Frank Neilson, cazatalentos de Polydor, los escuchó y les ofreció un contrato para tres discos. Así llegó «Waiting for a Miracle» (1980), grabado en diez días, con «Independence Day» como bandera: una guitarra cortante, una voz que no suplicaba. Un periódico británico llegó a llamarlo el mejor álbum debut de la historia. Las ventas, sin embargo, no estuvieron a la altura del piropo, y ni Polydor ni la propia banda quedaron del todo satisfechos.

En 1981 llegó «Sleep No More», más oscuro y denso, el disco que mejor resultado les dio en listas británicas —entró hasta el puesto 51, lo más alto que llegaron nunca—, aunque no tuvo ningún single. Para conseguir ese sonido tan particular en la batería, sacaron a Mik Glaisher del estudio y lo grabaron junto al hueco del ascensor de las oficinas de Polydor, un truco que ya habían usado antes Led Zeppelin. Con los años, ese disco se ha convertido en una pieza de culto: Editores e Interpol han bebido de él sin disimulo, y U2, que entonces giraba con ellos, también lo escuchaba con atención. Un año después llegó «Fiction» (1982), más melódico, con joyas como «After the Rain» y «Pictures», aunque esta vez el resultado en listas fue más discreto: el puesto 94.

Lo que vino después fue, sobre todo, intentar encajar: cambios de sello —Jive, Island—, giras por Europa y Estados Unidos, y un nombre, «C.S. Angels», que tuvieron que adoptar al otro lado del Atlántico porque una empresa de telecomunicaciones había registrado «Comsat» como marca. La banda se separó en 1995, después de casi veinte años, y volvió brevemente entre 2009 y 2010 para cinco conciertos de reencuentro. Stephen Fellows se quedó en Sheffield, donde sigue viviendo: gestionó durante un tiempo a la banda Gomez y, en 2020, publicó su propio disco en solitario, «Slow Glass». Los Comsat Angels nunca tuvieron un single en el Top 40 ni salieron en las portadas de las grandes revistas. Pero ahí sigue esa mezcla de guitarra cortante, bajo hipnótico y una voz que parece llegar siempre desde un lugar muy frío. Algo de Sheffield, algo de Ballard, algo que no termina de pasar de moda porque nunca se va del todo.

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