The Church
Sídney, marzo de 1980. Steve Kilbey y Peter Koppes se habían conocido años antes en Canberra, cada uno en su propia banda, y se reencontraron en Sydney con una idea clara: hacer algo diferente. Con el batería Nick Ward formaron el trío inicial de The Church. El nombre era una versión abreviada de un nombre más largo que Kilbey había propuesto, y encajaba: amplio, misterioso, sin necesidad de explicación. Poco después se sumó el guitarrista inglés Marty Willson-Piper, nacido en Northampton, que aportó una nueva dimensión al sonido del grupo y completó la formación clásica. En noviembre publicaron su primer single, "She Never Said", y en 1981 llegó el segundo, "The Unguarded Moment", del álbum debut Of Skins and Heart: alcanzó el nº 22 en Australia y el nº 19 en Nueva Zelanda, y convirtió al grupo en uno de los más prometedores del país. Ward dejó la banda tras esa grabación y fue sustituido por Richard Ploog, el batería que les acompañaría durante toda la década.
A lo largo de los ochenta, The Church fue labrando un sonido inclasificable —psicodelia, post-punk, dream pop, jangle pop— que no sonaba a nadie más. The Blurred Crusade (1982) y Seance (1983) profundizaron en atmósferas oscuras. Heyday (1985), producido por Bob Clearmountain, fue un gran éxito en Australia. Pero la consagración internacional llegó en 1988 con Starfish, grabado en Los Ángeles con los productores Waddy Wachtel y Greg Ladanyi. El álbum alcanzó el nº 21 en el Billboard 200 y el single "Under the Milky Way" —coescrito por Kilbey con su entonces novia Karin Jansson— llegó al nº 24 en el Billboard Hot 100 y ganó el ARIA Award a Mejor Single de 1989. Años después resurgió en la banda sonora de Donnie Darko, introduciendo la canción a una nueva generación.
Los noventa trajeron cambios. Peter Koppes abandonó el grupo entre 1992 y 1997; el batería Jay Dee Daugherty (ex Patti Smith Group) cubrió la etapa 1990-1993, y en 1994 llegó Tim Powles, quien sigue en la banda hoy. Marty Willson-Piper se fue en 2013. A pesar de todo, The Church nunca dejaron de grabar ni de girar —su catálogo supera los 25 álbumes de estudio—, sostenidos por una base de seguidores fieles y por la convicción de que cada disco es un territorio nuevo por explorar. Kilbey sigue siendo el motor, la voz y la pluma de un grupo que lleva más de cuatro décadas demostrando que el rock alternativo también puede ser poesía.