La Cara B de mi Adolescencia

un diario de canciones que nadie pidió

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Poch

San Sebastián, 1956. Ignacio Gasca nació en una familia numerosa, con un padre médico y un futuro ya medio escrito: también él iba para médico. Estudió en un colegio alemán, tenía buen oído para los idiomas y empezó Medicina en Bilbao con resultados brillantes. Pero algo se torció por el camino —repitió curso, se mudó a Huesca, y finalmente acabó en Madrid—, y aquel chico que debía heredar una bata blanca terminó, en cambio, convertido en una de las figuras más extrañas y queridas de la Movida madrileña, bajo un nombre que ya nadie olvidaría: Poch.

Pasó por varios grupos antes de encontrar el suyo: tocó brevemente con Alaska y Los Pegamoides, formó parte de Ejecutivos Agresivos y fundó, junto a sus amigos de San Sebastián, La Banda Sin Futuro. En 1981, ya en Madrid, nació Derribos Arias, el proyecto que lo definiría para siempre. El nombre del grupo era un homenaje a unos grandes almacenes de la calle Montera donde compraban ropa barata "los modernos" de la época. Con guitarras cortantes, ritmos caóticos y un humor absurdo, casi dadaísta, Derribos Arias se convirtió en una de las bandas más singulares de las llamadas «Hornadas Irritantes», un grupo que, según sus propios cronistas, era mucho más desconocido que su leyenda y mucho menos famoso que la mayoría de sus contemporáneos.

La banda se disolvió discográficamente en 1984, aunque siguió tocando en directo hasta 1987. Poch continuó en solitario, primero con un disco para una multinacional, «Poch se ha vuelto a equivocar» (1985), un título que resultaría profético dada su escasa repercusión. Por entonces, a mediados de los ochenta, le diagnosticaron la enfermedad de Huntington, un trastorno neurodegenerativo que iría afectando poco a poco su movilidad y su habla. En 1988, ya debilitado, publicó su último disco, «Nuevos sistemas para viajar», una obra incomprendida en su momento que muchos describirían después como un crudo y emocionante testamento artístico.

En 1991, cuando su enfermedad entraba en una fase ya muy avanzada, un grupo de músicos y amigos —Fangoria, Siniestro Total, Negu Gorriak, Gabinete Caligari, entre otros— le rindió homenaje con un disco doble de versiones, «El chico más pálido de la playa del Gros», pensado para ayudarle en ese momento tan difícil. Poco después, Poch se retiró por completo de la vida pública y volvió a San Sebastián, donde pasó sus últimos años al cuidado de su familia.

Ignacio Gasca murió el 18 de septiembre de 1998, a los 42 años. Nunca fue un artista de éxito masivo, pero su legado —ese pop rock siniestro, lleno de humor disparatado y letras que no se parecían a las de nadie más— ha seguido influyendo, casi en silencio, a generaciones posteriores de música alternativa española. Como él mismo parecía intuir en el título de su primer disco en solitario, Poch se equivocó muchas veces. Pero algunas de esas equivocaciones, con los años, se han convertido en parte de lo mejor que dio la Movida.

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