La Cara B de mi Adolescencia

un diario de canciones que nadie pidió

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Paranoia

Paranoia empezaron como suelen empezar las bandas de barrio: sin plan y con lo que había. Paul Brereton tocaba la guitarra. Le regaló una batería a su hermano Phil. Empezaron a tocar juntos, primero versionando a Bowie y T. Rex con un sonido más sucio, luego buscando vocalistas y bajistas que nunca terminaban de encajar. Fue entonces cuando Mick Edgington y su mujer Jan decidieron unirse. Mick aprendió el bajo. Jan se puso a cantar. No fue una decisión técnica. Fue una decisión práctica que resultó ser la mejor que tomaron. Vinieron de un grupo anterior llamado Civil Defence, que tenía más miembros, teclados y un sonido distinto. Cuando los guitarristas se fueron y Jan dejó el sintetizador, los cuatro que quedaban cambiaron de nombre. Se llamaron Paranoia. Y empezaron a sonar como lo que querían sonar.

El salto a Rot Records llegó por un anuncio en la revista Sounds: «Punk Bands Wanted». Phil mandó la demo a Dunk, el responsable del sello y ex miembro de Riot Squad. La respuesta fue que les gustaba y que querían incluir un par de canciones en un recopilatorio llamado Wet Dreams. Lo que vino después los sorprendió a ellos mismos. Cartas de todo el mundo preguntando por la banda. Fanzines pidiendo entrevistas. Gente que quería más material. Dunk los llamó para ofrecerles contrato: un single y un álbum. Shattered Glass salió en 1984. El single, «Dead Man's Dreams», consiguió airplay en el programa de John Peel en la BBC Radio 1. En España no llegó ni una copia. Nadie los conocía casi en ningún sitio, pero los que los encontraban no los olvidaban.

El disco es difícil de clasificar. Punk, sí. Pero también gótico, post-punk, con algo que recuerda a Siouxsie and the Banshees o a Penetration. La voz de Jan no es dulce ni agresiva. Es grave, ligeramente inquietante. Como si cantara desde la distancia aunque la letra esté hablando de cosas muy cercanas. La producción no es pulida. Suena a un estudio pequeño, a horas contadas con reloj de alquiler. En 1986 publicaron otro trabajo, Pain and Pleasure, un cassette que solo se podía comprar en sus conciertos o por correo. Luego, silencio. Se disolvieron sin estrépito. Shattered Glass sobrevivió en estanterías de coleccionistas durante décadas hasta que Radiation Records lo reeditó en vinilo en 2022. No es una historia de éxito. Es una historia de gente que grabó lo que tenía que grabar y siguió con su vida. A veces eso es más que suficiente.

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