Nik Kershaw
Ipswich, 1982. Aunque había nacido en Bristol, Nik Kershaw creció en Ipswich, Suffolk, donde tras dejar el instituto trabajó como asistente de ventas y en una oficina de empleo durante años, mientras tocaba la guitarra en bandas locales que no llegaban a ningún lado. La primera se llamaba Half Pint Hogg y hacía versiones de Deep Purple. La última, Fusion, era un grupo de jazz-funk que se disolvió en 1982 sin dejar rastro. Sin trabajo y sin banda, Kershaw tomó la decisión más sencilla del mundo: poner un anuncio en Melody Maker buscando manager. "He hecho todo el trabajo", decía el anuncio, "solo tienes que venderme." Micky Modern respondió, le vio actuar y le consiguió un contrato con MCA Records.
En septiembre de 1983 lanzó su primer single, "I Won't Let the Sun Go Down on Me", que llegó al puesto 47 en UK pero funcionó bien en Escandinavia y Países Bajos. La discográfica apostó por un segundo single: "Wouldn't It Be Good", una canción escrita desde la rabia contenida, sobre el deseo de cambiarse la piel con cualquier otro porque nadie es feliz. El videoclip, dirigido por Storm Thorgerson —el mismo que había diseñado las portadas de Pink Floyd—, mostraba a Kershaw como un alienígena con un traje de croma. La imagen caló, la MTV lo programó sin parar, y el single trepó al número 4 en UK siendo número 1 o top 5 en varios países europeos. El disco debut, Human Racing (febrero de 1984), llegó al número 5 en UK, fue el 22º álbum más vendido del año y recibió una nominación al Mejor Álbum Británico en los Brit Awards de 1985. La reedición de "I Won't Let the Sun Go Down on Me" llegó ese verano al número 2. En total, sus singles acumularon 62 semanas en las listas británicas en 1984 y 1985, más que cualquier otro artista en solitario de esos dos años.
En noviembre de 1984 publicó The Riddle, cuyo single homónimo llegó al número 3 en UK. La letra, llena de imágenes sueltas sobre hombres fuertes y soles rojos, fue objeto de interminables interpretaciones hasta que el propio Kershaw lo confesó: no significaba nada. Era una guía de vocalización, palabras que sonaban bien con la melodía. En julio de 1985 actuó en el Live Aid de Wembley y olvidó la letra de "Wouldn't It Be Good" ante una audiencia global de millones. Lo describió después como "absolutamente aterrador". Su tercer álbum, Radio Musicola (1986), no funcionó y la maquinaria de la fama se detuvo tan bruscamente como había arrancado. Kershaw se retiró de los focos sin drama y se convirtió en un compositor cotizadísimo para otros artistas: escribió el número 1 de Chesney Hawkes, "The One and Only" (1991), y colaboró con Elton John en "Nikita" y en el dúo "Old Friend". Siguió publicando discos en solitario —15 Minutes (1999), You've Got to Laugh (2006), Oxymoron (2020)— con la misma honestidad con la que siempre escribió, lejos de las radios comerciales y sin necesitar volver a ellas.