La Cara B de mi Adolescencia

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Los Toreros Muertos

Madrid, 1984. Un gaditano polifacético, un bajista gallego y un teclista argentino entraron en un bar de Chueca y salieron siendo una banda. Pablo Carbonell ya se movía entre el humor y la televisión —había formado el dúo cómico Pedro y Pablo con Pedro Reyes y era un habitual de La Bola de Cristal—, pero quería hacer ruido de otra manera. En una jam session conoció al bajista Many Moure. Poco después llegó el teclista argentino Guillermo Piccolini. El nombre que eligieron era ya una declaración de principios: Los Toreros Muertos, una vuelta de tuerca al imaginario taurino con el punk más gamberro. Sus influencias declaradas eran Madness y la Orquesta Mondragón, y eso se notaba: ritmo de ska, letras disparatadas y un humor que picaba donde más dolía.

En 1985 lanzaron su primer maxi-single, "Yo no me llamo Javier", una parodia ácida sobre la paternidad no deseada que conectó de inmediato con el público y les abrió las puertas de Ariola Records. Al año siguiente publicaron su álbum debut, 30 años de éxitos —un título que era puro sarcasmo—, producido por Javier López de Guereña con Andreas Prittwitz como coproductor y saxofonista. Ahí estaba "Mi agüita amarilla", un himno escatológico sobre el ciclo de la cerveza que se convirtió en su canción más popular y les dio proyección en América Latina. También "D.N.I." y "Bum Bum 1789", piezas de punk bailable con letras que mezclaban el absurdo con la crítica social sin que se notara el esfuerzo. En 1987 llegó Por Biafra, con "On the Desk" como mejor momento, y en 1989 el experimental Mundo Caracol, su disco más arriesgado.

La trayectoria del grupo se cerró en 1992 con Cantan en Español, editado ya bajo el sello Pasión Cía. Carbonell continuó como actor, humorista y reportero en Caiga Quien Caiga, y más tarde dirigió la película Atún y chocolate, por la que recibió una nominación al Goya. En 2007 el trío original se reunió para promocionar un recopilatorio y desde entonces han seguido girando, con incorporaciones recientes que han renovado el directo. Más de cuarenta años después de aquel bar de Chueca, Los Toreros Muertos siguen siendo lo que siempre fueron: una gamberrada con forma de canción que te queda en la cabeza sin pedirte permiso.

1 expediente Presente en: Pop Español