Jaume Escala
Jaume Escala es un nombre que aparece en dos mundos que no deberían tocarse. En uno, el de la Gran Enciclopèdia de la Música, es un cantautor de rock y escritor catalán que empezó a cantar en 1980 bajo la influencia de la Nova Cançó, grabó su primer disco, Aeroport, en 1986, y en Via morta (1990) combinó la canción europea con el rock y el blues. Un artista coherente, comprometido con su lengua y su tierra. En el otro mundo, el del underground electrónico, aparece como el autor de "Ciutat", una pieza de synth-pop hipnótico de tempo suave y atmósfera balear que los coleccionistas llevan décadas buscando. Si son el mismo Jaume Escala, nadie lo ha confirmado del todo. Y esa ambigüedad es parte de su encanto.
"Ciutat" —catalán para "ciudad"— fue rescatada del olvido por DJ Trujillo, un productor y coleccionista venezolano afincado en Berlín que dedicó más de una década a rastrear tiendas, mercadillos y distribuidores en busca de joyas enterradas del pop español. El resultado fue el recopilatorio Ritmo Fantasía: Balearic Spanish Synth-Pop, Boogie and House (1982-1992), publicado el 26 de noviembre de 2021 por el sello británico Soundway Records. "Ciutat" ocupa el séptimo lugar de los 21 cortes de la colección, entre piezas que en su momento fueron autopublicadas en sellos de vida breve y tiradas cortas, producidas por artistas que en muchos casos solo grabaron una vez y desaparecieron.
Eso es precisamente lo que hace que la canción resulte tan fascinante. No hay certeza sobre su fecha original de grabación, ni sobre si el Escala cantautor y el Escala del synth-pop son la misma persona o una coincidencia de nombres en un país con mucha música sin archivar. Hay quien dice que fue un músico mallorquín que grabó dos canciones y no volvió a aparecer. Los datos no lo confirman ni lo desmienten. Lo que sí existe, sin discusión, es la canción: cuatro minutos y cuarenta y dos segundos de sintetizadores flotando sobre el Mediterráneo, una postal sonora de una ciudad que puede ser cualquier ciudad. De esas melodías que, sin pedir permiso, se te instalan para siempre.