Felt
El nombre vino de una sola palabra. Lawrence Hayward escuchó a Tom Verlaine pronunciar «felt» en la canción «Venus» de Television, y algo encajó. No era un nombre de grupo. Era una sensación. Algo que se podía moldear. Así que en 1979, desde Water Orton, un pueblo de Warwickshire donde no pasaba casi nada, un chaval de dieciséis años grabó solo en su habitación el single «Index», lo autopublicó, y lo mandó a la prensa musical. Dave McCullough, del semanario Sounds, lo eligió sencillo de la semana. Lawrence no tenía banda. Pero ya tenía nombre.
Lo que vino después fue una de las carreras más singulares del pop británico de los 80. Lawrence se impuso una sola regla: diez álbumes y diez singles en diez años, de 1979 a 1989. Y luego parar. Sin excepciones. Sin reuniones. Sin nostalgia vendida en giras. Con ese plan en la cabeza ficharon por Cherry Red Records, luego por Creation, el sello de Alan McGee que años después lanzaría a Oasis. Nunca entraron en las listas convencionales del Reino Unido. Ni en singles ni en álbumes. Pero bandas como Belle and Sebastian, Manic Street Preachers o The Charlatans los citarían después como una influencia directa. Existieron para los que sabían buscar. Para los demás, prácticamente no existieron.
«The Final Resting of the Ark» fue el noveno de esos diez singles. Septiembre de 1987. Cinco canciones. Menos de diez minutos. Producido por Robin Guthrie, de los Cocteau Twins, y grabado prácticamente en solitario por Lawrence. Dos años después, en 1989, cumplió su palabra y disolvió el grupo. Lawrence siguió adelante con otros proyectos, primero Denim, luego Go-Kart Mozart. Con la misma tranquilidad con la que alguien cierra una puerta sin dar un portazo.
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