Fatal Charm
Nottingham, 1978. Todo empezó como suelen empezar estas cosas: en un garaje, con poco dinero y muchas ganas. Paul Arnall — guitarrista, compositor, motor de todo — formó Fatal Charm casi desde cero, con una formación cambiante que tardó un par de años en encontrar su sitio. El nombre lo tomó prestado de una cara B de los neoyorquinos The Mumps. El punto de inflexión llegó en 1980, cuando se incorporó Sarah Simmonds como vocalista — su voz cálida y directa fue la pieza que le faltaba al puzzle. Juntos telonearon a Ultravox y OMD, grabaron sesiones para la BBC con nombres como Janice Long y Kid Jensen, y aparecieron en el mítico programa The Tube de Channel 4 en 1983. El mundo parecía a punto de fijarse en ellos. Pero el mundo tenía otras prioridades.
Los contratos discográficos llegaban y se rompían. Los sellos cambiaban. La formación mutaba. Aun así, Arnall y Simmonds siguieron adelante, reducidos a dúo cuando hizo falta, tirando de cintas de carrete y teclados en directo cuando no había otra opción. En 1985 publicaron su primer LP, «Endangered Species», que pasó sin la atención que merecía. Pero la segunda mitad de los ochenta les trató mejor: «Images of Fire» (1986) llegó al número 16 del UK Independent Singles Chart, y «Lucille» (1987) entró también en las listas independientes, convirtiéndose en uno de sus temas más queridos. Una melodía que se te pegaba sin pedir permiso, con el bajo hipnótico y la voz de Simmonds contando una historia de distancia y silencio.
En 1989 llegó «This Strange Attraction», su segundo álbum — aclamado por la crítica y grabado en su propio sello, Really Great Records, después de años de lidiar con discográficas que no terminaban de entenderlos. Era un disco maduro, elegante, que sonaba a banda que por fin había encontrado la manera de ser exactamente lo que quería ser. Poco después cambiaron de nombre a State of Grace y exploraron nuevos territorios sonoros durante los noventa. Fatal Charm nunca fue una banda de masas. Tampoco lo pretendieron. Fueron una de esas bandas que los que las descubrían se guardaban para sí mismos, como un secreto que vale más cuanto menos gente lo conoce. Su música — post-punk con alma, synth-pop con raíces — sigue sonando tan fresca como el día en que la grabaron en casa, con ocho pistas y las ganas de todo el mundo.
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