La Cara B de mi Adolescencia

un diario de canciones que nadie pidió

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Aviador Dro

Madrid, mediados de los setenta. Un grupo de estudiantes del instituto Santamarca empezó a juntarse en el Ateneo Libertario de Mantuano, una antigua sede falangista que habían terminado ocupando casi sin querer, para hacer cosas que no tenían mucho que ver con las clases: fanzines, poemas raros, charlas sobre ciencia ficción. Entre ellos estaba Servando Carballar, que un día se hizo con un órgano electrónico y, junto a su amigo Arturo Lanz, montó un grupo llamado Holoplástico. Pusieron un anuncio en una revista buscando gente "en la onda de Throbbing Gristle, Cabaret Voltaire o The Residents". Respondieron Juan Carlos Sastre y Gabriel Riaza, y con ellos cuatro nació, en 1979, El Aviador Dro y Sus Obreros Especializados.

El nombre lo robaron de una ópera futurista italiana de 1915, L'aviatore Dro. Sonaba raro, largo, incómodo de pronunciar. Y eso era exactamente lo que buscaban. El 3 de octubre de ese mismo año tocaron en directo en Radio 3, con canciones como «Nuclear sí» o «La chica de plexiglás», hechas con sintetizadores baratos y cajas de ritmos, en un país donde casi nadie hacía música así todavía. En 1980 firmaron su primer contrato discográfico, con el sello Movieplay, y grabaron allí sus primeros singles.

Pero la cosa no salió como esperaban todos. A finales de ese mismo año, cuatro de los miembros originales —Arturo Lanz, Gabriel Riaza, Juan Carlos Sastre y Andrés Noarbe— dejaron el grupo, en desacuerdo con el rumbo que estaba tomando su sonido, que a ellos les parecía demasiado comercial. Se fueron a montar Esplendor Geométrico, una banda que con los años se convertiría en una de las más influyentes de la escena industrial europea. Servando Carballar se quedó al frente de Aviador Dro, con nuevos compañeros, y en 1982 montó su propio sello, DRO —Discos Radiactivos Organizados—, porque ya nadie más quería editarles los discos.

De ahí salieron sus álbumes más recordados: «Alas sobre el mundo» (1982), «Síntesis: la producción al poder» (1983) y «Cromosomas Salvajes» (1985), discos sobre máquinas, energía nuclear y ciudades en movimiento, con poca cabida para el amor o el desamor que cantaban casi todos los demás grupos de la época. Los miembros adoptaron nombres en clave —Biovac N, Multiplexor, Arcoíris—, como si fueran personajes de una historia que solo ellos sabían contar del todo. Fuera de un círculo muy concreto, el de la Movida y poco más, el resto de España apenas los conocía.

Más de cuarenta años después, Aviador Dro sigue activo, con Servando Carballar como único superviviente de aquel primer grupo de amigos del instituto. Cambió de compañeros, de sellos, de década, pero nunca dejó de hacer la misma pregunta que se hacían en aquel ateneo ocupado: qué sonido tenía el futuro, y quién se atrevía a tocarlo primero.

1 expediente Presente en: Synthpop