La Cara B de mi Adolescencia

un diario de canciones que nadie pidió

Memorias en Estereo / Artistas / Ariel Rot

Ariel Rot

Ariel Eduardo Rotenberg Gutkin nació en Buenos Aires el 19 de abril de 1960 en una casa donde la cultura entraba por todas las rendijas. Su madre, Dina Rot, era cantante de música sefardí. Su padre, Abrasha Rotenberg, periodista y editor ucraniano que había llegado a Argentina huyendo, primero del nazismo, luego del estalinismo, y que acabaría cofundando La Opinión, uno de los diarios más importantes del periodismo argentino. Su hermana Cecilia se convertiría con el tiempo en una actriz de cine consagrada. En ese ambiente creció el pequeño Ariel, fascinado desde muy joven por la guitarra de Oscar Alemán, el jazzista argentino que había tocado en el París de los años treinta junto a Josephine Baker y que en Buenos Aires ya era una leyenda de barrio.

En 1976, la dictadura militar forzó a la familia a exiliarse. Ariel llegó a Madrid con dieciséis años. Poco después conectó con la escena musical subterránea, conoció a Alejo Stivel, y de ese encuentro surgió Tequila: completado por Felipe Lipe, Manolo Iglesias y Julián Infante, el grupo se convirtió en un fenómeno de masas con canciones como «Salta!», «Dime que me quieres» y «Rock and Roll en la plaza del pueblo». Cuatro discos. Giras. La España de la transición cantando a coro. Pero Ariel nunca terminó de estar del todo cómodo dentro de aquello, y cuando el grupo se disolvió en 1983, nadie entendió muy bien por qué elegía marcharse a Londres a grabar en silencio, casi solo, con músicos que no le conocían de nada.

Lo que salió de allí fue «Debajo del puente» (1984). Un disco que pasó completamente desapercibido pese a que se lanzaron tres singles. Demasiado oscuro, demasiado raro para los que esperaban que siguiera saltando. La crítica lo aplaudió con timidez y el gran público no supo qué hacer con él. Se convirtió en una rareza de culto, en algo que encontrabas por accidente y que no te esperabas encontrar. Un año después llegó «Vértigo» (1985), y luego un retiro en Buenos Aires, y luego Los Rodríguez, y luego el éxito otra vez, el de verdad, el de los estadios. Pero esa etapa de Londres, encerrado y peleándose consigo mismo, es la que más me interesa. Porque es la única en que Ariel Rot no intentaba ser lo que nadie esperaba que fuera.

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